El año pasado, la empresa Google comentó que mejoraría la privacidad de sus funciones y por ende, de los usuarios, dejando de escanear todos los correos que llegaran a la bandeja de entrada de cada personas.

De esta manera, la compañía podía mostrar anuncios o publicidad de diferentes objetos que fueran acordes a nuestras necesidades, basándose claramente en la información que obtenían de los emails privados.

Esta situación hizo molestar a los usuarios, quienes creían que se estaba accediendo a sus datos e información personal, sin embargo Google comentó que no era nada de eso, ya que dicha función se realizaba de manera automatizada gracias a un algoritmo y no era un empleado que lo llevaba a cabo.

Con esta explicación, los usuarios se calmaron un poco creyendo que todo tenía sentido, pues si una aplicación quería acceder a nuestra cuenta Gmail, era para poder facilitarnos algunas tareas, como el reservar un vuelo u organizar la agenda, así que no había tanto problema.

Pero todo dejo de ser común cuando The Wall Street Journal reveló que las aplicaciones con acceso al Gmail, permitían a sus empleados leer directamente tus correos, dejando totalmente de lado la privacidad con la que uno creía contar.

Aparentemente, Google presume que cuando se instala alguna extensión en Chrome o alguna app en el móvil, se recibe un anuncio de la vista especifica que detalla a qué datos podrá acceder el desarrollador, pero la filial no controla la manera en que ellos interpretan estos permisos.

Es decir, terceros escanean las bandejas de entrada de millones de usuarios de Gmail que se registraron para servicios basados en el correo electrónico que ofrecen comparaciones de precios, planificadores de itinerarios de viaje automatizados u otras herramientas.

De esta forma, es como en ocasiones los mismos empelados leen los emails, y aunque se crea que esto se hace en muy pocas ocasiones, en realidad se trata de una práctica muy común dentro de la industria.

Ante esta situación, Google argumentó que dicha actividad la realizan desarrolladores de confianza que siguen guías estrictas cuando entran en los correos de los usuarios para comprobar sus datos, lo que ha dado como resultado que hasta ahora no existan signos de un mal uso por este acceso.

Si bien se declara que es “normal”, los permisos de estas prácticas deben de ser más claros, mencionando que una persona va a estar revisando la información que se encuentra en los correos.

Por ahora, Gmail está muy lejos de poder garantizar la seguridad total de la enorme plataforma a la que acceden millones de personas día a día.