La caída del alcance orgánico en Facebook (a la que la propia red social le ha dado el golpe de gracia a principios de año) ha hecho que las marcas y las empresas necesiten encontrar el nuevo escenario en el que posicionar sus mensajes y llegar – de forma ‘natural’ y sin pasar por caja – a sus consumidores. La respuesta a los problemas que los cambios están generando podría estar en las Stories, al menos en las de Instagram.

Antes de analizar cómo las Stories podrían estar llenando este vacío habría que recordar que el formato se está convirtiendo en la última gran moda de las redes sociales. Todo el mundo parece estar lanzando las suyas y todos parecen querer convencer a sus usuarios de su potencial.

Pero ¿cómo están las Stories supliendo lo que Facebook y la caída general de lo orgánico ha creado? Tanto los influencers como los responsables de página / medios han empezado a emplear las Stories de Instagram para atraer y capturar a sus audiencias, como apuntan en un análisis de Digiday.

El formato que emplean para ello varía en cada caso, pero tiene en común que la clave está en las Stories y que las Stories se usan para otros fines más allá de simplemente publicar imágenes o vídeos. Por ejemplo, dos influencers de bellezas de YouTube usaron sus Stories en Instagram para publicar las URls para suscribirse a un envío de mail sobre un nuevo producto. Consiguieron que un 1,67% de sus seguidores en Instagram se diesen de alta en la newsletter.

De hecho, usar las Stories para potenciar la newsletter es también lo que están haciendo los medios, logrando en algunos casos subidas del 10 al 15% en número de suscriptores. National Geographic ha estado usando sus Stories para promocionar diferentes newsletters y recibir más información, por poner un ejemplo de un gran nombre que lo está usando. Esta última marca sirve además para comprender cómo establecer la etiqueta para que funcione.

Ellos no piden a sus consumidores de forma clara que hagan clic (o en el caso de las Stories de Instagram un ‘swipe up’, un ‘deslizar hacia arriba’), sino que dejan que sea algo orgánico. Aunque no han dado números concretos de resultados, señalan que se ha mantenido el ratio de quienes hacen ese clic, aunque ha aumentado el número de empresas que lo está empleando.

Los temores de quienes lo han usado

El formato puede servir para recuperar terreno perdido y para rentabilizar una red social en la que encontrar un retorno claro parece complicado en ocasiones, ya que es imposible publicar links y por tanto redirigir el tráfico.

Pero los responsables de redes sociales no deben ver en esto ya directamente y solo el bálsamo que curará todos los males. Quienes las están empleando ya, retomando lo que señalan en Digiday, tienen también sus temores.

Por ahora, los influencers, los medios y las marcas/empresas que lo emplean ven la parte positiva, pero también empiezan a temer ya el posible impacto negativo que Instagram pueda darle en un futuro. Por un lado, temen que la red social empiece a considerar como menos actividad el que no se haga clic o no se vea el link (en lugar de que sea como un añadido).

Por otro lado, tienen que miedo a que pongan un límite al hecho de que estos links manden fuera de la red social a los usuarios o que empiecen a cobrar por ello (lo cual no sería tan raro teniendo en cuenta cómo han ido actuando a lo largo de los años).